Espadaña de la iglesia del Carmen de Vigo con la imagen pétrea de la Virgen, dos campanas y cruz, sobre cielo azul
La torre del Carmen, con la imagen pétrea de la Virgen y el Niño, obra del escultor vigués Raúl Comesaña. · Foto: Parroquia del Carmen de Vigo

Desde lo alto, sobre la ría que un día acogió a los misioneros llegados del mar, la Virgen del Carmen vela Vigo. Su torre y su imagen son hoy un hito sereno del horizonte vigués: piedra hecha plegaria, señal para quien mira hacia el agua.


Una torre que se alza sobre la ría

La iglesia que hoy contemplamos, obra del arquitecto vigués Antonio Cominges (1897-1987), colocó su primera piedra el 18 de marzo de 1951 y fue inaugurada en 1957. Pocos años después, en 1962, se iniciaron las obras de la torre, que daría al templo su perfil más reconocible y lo convertiría en referencia visual de esta parte de la ciudad.

No es una torre que busque imponerse. Se eleva para señalar, para orientar la mirada hacia lo alto, como ha hecho siempre la espadaña de las iglesias junto al mar: recordar a quien pasa que hay un horizonte más grande que el del oleaje.

Ficha de la obra

  • Torre: iniciada en 1962.
  • Iglesia: arquitecto Antonio Cominges (1897-1987); primera piedra el 18 de marzo de 1951; inaugurada en 1957.
  • Imagen de la Virgen: escultura pétrea de unos 7 metros de altura y unas 25 toneladas, del escultor vigués Raúl Comesaña.

La imagen pétrea: la Madre que aguarda

Imagen pétrea de la Virgen del Carmen con el Niño en lo alto de la torre, recortada contra el cielo azul
La Virgen del Carmen con el Niño, de unos 7 m y 25 toneladas, corona la torre iniciada en 1962. · Foto: Parroquia del Carmen de Vigo

En la torre se alza la imagen de Nuestra Señora del Carmen, labrada en piedra por el escultor vigués Raúl Comesaña. Cerca de siete metros de altura y unas veinticinco toneladas le dan una presencia que no se mide solo en cifras: es la de una Madre serena, vuelta hacia la ciudad y hacia el agua, que permanece.

La piedra, materia que dura, dice bien lo que la imagen quiere decir. Frente a lo que pasa —las mareas, los años, las prisas de los días—, la Virgen del Carmen se queda. Quien levanta los ojos hacia ella encuentra una figura que no se cansa de esperar ni de interceder.

Stella Maris: estrella del mar

Vigo es ciudad de mar, y esta comunidad carmelita nació precisamente para acoger a los misioneros que llegaban por la ría. No extraña, pues, que la Virgen del Carmen se invoque aquí también como Stella Maris, Estrella del Mar: la que guía y ampara al que navega, faro encendido para el marinero, el pescador y el peregrino.

El Carmen es advocación querida de las gentes del mar. En su escapulario, signo sencillo del amor materno de María, han confiado generaciones de navegantes su travesía. Mirar esta imagen desde la ría es, de algún modo, saberse acompañado: nadie navega solo bajo su mirada.

Madre del Carmen, Estrella del Mar, guarda a esta ciudad y a cuantos se hacen al agua. Que tu mirada de piedra nos recuerde tu amor sin término, y que, como peregrinos en la travesía, lleguemos contigo a buen puerto.


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Código QR — La torre y la imagen de la Virgen